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4 de enero de 2016

Sacar el bicho

La especie humana ha evolucionado, se ha civilizado porque se ha orientado a vivir y formar civilizaciones. En la actual, lo que ha ocurrido es que se han premiado determinados comportamientos y penalizado otros. Ser racional está bien visto, ser emotivo no tanto. Ser impulsivo, depende del caso y ser espiritual apenas nada. Pero estos cuatro comportamientos, o mejor llamadas conciencias, son  imprescindibles

11 de diciembre de 2014

La mala intención

O también conocido comúnmente como “la mala hostia”.  Eso es lo que tienen unos o unas cuantas cuando han cruzado el límite. Y eso es precisamente de lo que tenemos que aprender a defendernos cuando se da el caso.

En la versión más sutil encontramos la envidia. ¿Qué supone eso? La admiración de un acomplejado o acomplejada y cobarde. Cuando hay una persona que no nos trata con amor sino todo lo contrario y no encontramos el motivo, podemos empezar a sospechar que es envidia. Por supuesto nadie lo va a reconocer. Es lo más bajuno que hay decir: “tengo

29 de octubre de 2013

Usurpadores

A veces buscamos nuestro sitio en el mundo, el lugar que nos corresponde y no damos con él. Es como si no existiera. Sí el de los demás, pero no el nuestro. Entonces uno se pregunta la causa. Pero es tan atípico que no la encuentra. Entonces le da vueltas al asunto. “La vida no admite jerarquías, por lo que hay para todos, incluido yo mismo” nos decimos. “Entonces ¿por qué no encuentro mi sitio?”. Y es ahí, horrible y temido momento en que se nos hace un nudo en la garganta: "la culpa es mía". ¡Oh, dios mío! ¿Qué puedo hacer para encontrar mi lugar en el mundo?

Y uno hace de todo. Sobre todo mal y con desesperación. Tranquiliza un poco saber que no sobramos, que hay sitio para todos. Que está vida no es un overbooking dentro de una compañía aérea que a la mínima te dejan en

7 de octubre de 2013

Claves de la revolución

Ya podemos ser los mayores revolucionarios del planeta, que si nos han tocado las narices hasta el infinito y más allá, lo que acabará acompañando a esa rebeldía es una carga negativa.

Explicamos el concepto. La revolución –que no la guerrilla- busca la igualdad, la justicia, las oportunidades de realización para todos y todas; en resumen, crear, construir y disfrutar un mundo feliz. Si los modelos que tenemos para llevarlo a cabo es la lucha de clases por ejemplo, ya estamos aceptando la jerarquía, y por tanto, nos colocamos en una de las dos posiciones: o arriba o abajo. Generalmente, las luchas sociales se dan por

30 de agosto de 2013

Lo que podemos hacer

De los creadores de “La gente es lo peor” y “El mundo está hecho un asco” llega... “¡Todos hablan pero nadie hace nada!”

En cualquiera de las tres afirmaciones, nos vemos como marcianos, abservando desde nuestro planeta lo que pasa en la Tierra, como si nosotros no tuviéramos nada que ver. Para tener esa actitud sólo hay dos opciones: o los demás son peor que nosotros o nosotros somos mejor que los demás. En cualquier caso, hacemos lo mismo: quejarnos y criticar, cosa que deja una sensación de pesimismo en el ambiente y de culpabilización al personal. 

El gobierno nos hace la vida imposible, las multinacionales nos quitan el trabajo, los bancos nos rematan, las leyes están acabando con el bienestar

17 de mayo de 2013

Juicios y prejuicios

Parece que emitir un juicio no es muy justo. Y cuando emitimos un prejuicio, la cosa es incluso peor. En ambos casos ya va asociada la condena.

De hecho la justicia no tiene por qué ir de la mano de la ley, y la ley ya sabemos quiénes la hacen y qué les mueve a aprobar unas y otras no. Así, a grandes rasgos, la motivación fundamental en los tiempos que corren no es la justicia social sino el afán de poder, y eso a lo que se le llama técnicamente “barrer pa mi casa y joder al prójimo”.

¿Cómo ser justos? La justicia sólo viene de la conciencia. Y uno se pregunta, ¿de la conciencia de quién? En el caso de Justicia, con mayúsculas, no hay una conciencia por persona, sino una universal. Ésta es la que dice lo que es bueno para todos, no para la mayoría, o como pasa

2 de marzo de 2013

Reacciones

Resulta que un día -¡oh, milagro de los milagros!- amanecemos felices, ilusionados, tranquilos, alegres y con ganas de disfrutar, de compartir,… vamos, de vivir. Además, como el impulso es tan fuerte ni siquiera buscamos en los rincones de nuestra mente a ver si hay algún nubarrón que nos agüe la fiesta.

En realidad esta situación no es del todo consecuencia  de un milagro. Nosotros mismos hemos sido los que hemos buscado que ese momento llegara, hemos trabajado para ello y lo hemos propiciado.

Cuando llega a hurtadillas se parece a una sensación de alegría despreocupada, y nos suele entrar lo que viene a llamarse “mieditis” ya que nos acecha el temor de que los problemas, los límites, las imposibilidades que sentimos se apoderen de nosotros y nuestro recién

27 de febrero de 2013

A todos los desposeídos

No hay pobres, hay desposeídos y ladrones que roban.

Y por supuesto, no es lo mismo “ser” que “estar”. Ser pobre nos hunde en la miseria a la que nos han condenado aceptando esa etiqueta, que más que una etiqueta casi acaba formando parte de nuestro adn. Estar desposeído es como nos han dejado, no lo que somos.

Cada palabra que nombramos es importante porque marca nuestro pasado, presente y futuro. Nos permite identificar nuestra posición y nos da la posibilidad de salir de ella.

Ser pobre es casi una casta; ha dejado de ser una circunstancia para formar parte de la personalidad. Cuando uno es pobre se limita, se conforma y, como mucho, lucha por su dignidad de pobre, pero en la mayor parte de

29 de junio de 2012

Lo que NO soy

A lo mejor para saber quién somos, es más fácil empezar por saber quién NO somos.

¿Por qué? Porque tenemos un alien dentro que nos manipula, que nos invade como un parásito inoculado que crece y crece. Tanto que nos va restando espacio. No es que durmamos con el enemigo, es que convivimos con él, hasta tal punto que no sabemos dónde termina uno mismo y dónde empieza el “otro”. El “otro” podríamos definirlo como el daño nuclear, compuesto de mentiras, desvaloración, manipulación, lobotomías varias y alienación al que le damos autoridad porque ya nos han plantado el chip enajenador. Nosotros lo único que hacemos es repetir y repetir y repetir

25 de junio de 2012

La sensibilidad frente a la violencia

Vamos perdiendo sensibilidad a medida que la sometemos a estrés, a situaciones críticas, cuando la exponemos abiertamente a la violencia activa o pasiva, de forma que normalizamos esa situación.

Cuando un niño no ha vivido cerca de él ningún tipo de agresión y, de repente, ve a un adulto dando un azote o un cachete a un niño, se queda paralizado, bloqueado, aterrorizado. No sólo por el hecho en sí, que ya es grave, sino por la carga emocional que conlleva.

¿Dónde termina la agresividad y dónde comienza la violencia? La agresividad es defender, y la violencia es atacar. La agresividad forma parte de la vida; la violencia, de la locura. La vida da a todos los seres vivos

6 de junio de 2012

Ante un ataque, una defensa implacable

En los tiempos que corren, donde el patio está hecho polvo, más vale que aprendamos a defendernos. Por supuesto que hay que seguir construyendo y no con el rifle debajo del brazo, pero si nos atacan, en la forma que sea, habrá que reaccionar.

Suele ocurrir que no nos han enseñado a hacerlo, porque la bondad parece que está reñida con la agresividad. Y eso es una mentira como un templo. Con lo que está reñida es con la violencia, que es algo bien diferente. La agresividad es para defender, la violencia para atacar.

Pues bien, es fundamental defender la bondad, porque si no, se la pueden cepillar los quemados, maltratadores, sufridoras, resentidas, misóginos, y el resto de la colección.

¿Cómo responder a un ataque directo o indirecto? Tratar de razonar con alguien que utiliza la violencia es predicar en el desierto. Hay que imponer

3 de junio de 2012

¡Niño, me sacas de quicio!

Los niños y las niñas no son propiedad de nadie, son el futuro de la humanidad.

A medida que crecen, van descubriendo el mundo: lo que se puede y lo que no se puede, lo que está bien y lo que no, hasta dónde ir y dónde parar. Es decir, los límites. Para enseñarles y guiarles están los padres y las madres y, en general, todos los adultos, ya que esto lo entienden como un acto de amor, y buscan saber hasta dónde nos vinculamos con ellos y hasta dónde los amamos. 

 

Echan auténticos pulsos para saber cuál y cuánto es nuestro poder, y fundamentalmente, cómo lo utilizamos. 

 

La responsabilidad de nuestras reacciones es exclusivamente nuestra. Cuando decimos «no puedo más» lo que hacemos es culpabilizar a esos pequeños de nuestra falta de poder y recursos, y repetir historia porque eso es lo que,

27 de mayo de 2012

Yo es que lo siento todo

Ser sensible hoy en día puede resultar un problema a la hora de sobrevivir, aunque superada esa pequeña dificultad, se convierte en una ventaja si lo que queremos es vivir.

Sobrevivir consiste en mantener las pulsiones vitales, como cuando uno está en la UCI. Cuando pasamos a planta seguimos sobreviviendo, a pesar de que creamos, que después del coma, si estamos vivos, es que vivimos. Error de bulto. Sobrevivimos de milagro porque nuestro impulso de vida aún es mayor que el de muerte. Pero hasta que no saltemos, brinquemos en el exterior, descalzos, desnudos sobre la hierba y bajo los árboles, nos

14 de mayo de 2012

Misión: salvar las ilusiones

«No puedo». «No es posible». Y todas las formas de hundirnos la vida y arrancarnos la sonrisa y la posibilidad de disfrutar.

Si rascáramos un poco encontraríamos frases de este tipo más arraigadas de lo que pensamos que llevan conviviendo con nosotros y con nosotras desde la más tierna infancia, e incluso antes, desde la concepción.
Detrás se esconden otras sentencias como «no te lo mereces» o «los demás no te lo van a permitir» o «la vida es así (de chunga, se entiende)». El caso es fastidiarnos en los casos más leves, y en los más graves, arruinarnos la existencia completamente.

La verdad es que es una estrategia de alto nivel para aborregarnos, para transformarnos en almas en pena que vagan de un lado a otro sin grandes