Cuanto más conectados estemos con
la naturaleza, más conectados estaremos con nosotros mismos, puesto que
formamos parte de ella.
Tampoco buscamos de forma
habitual la conexión con ella y sentimos que es algo ajeno a nosotros, de lo
que hay que protegerse. Estos suelen ser los casos de millones de personas que
viven sobre asfalto, rodeados de edificios y con la única presencia -en forma
de fauna y flora- de palomas radiactivas y árboles metidos en cuadraditos de tierra
en el exterior. En el hogar tal vez un aloe vera o un geranio y un pez o un gato
es nuestra