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26 de febrero de 2013

Piedra a piedra

Todo o nada. Blanco o negro. La famosa escala de grises está fenomenal para explicar otros conceptos o para consolar a amigos desesperados. Sin embargo, en cuanto a nosotros se refiere queremos lo que queremos para ayer. Vamos, que lo de ir poco a poco no nos suele hacer mucha gracia. Tal vez son reminiscencias de la infancia, cuando queríamos el yogur en ese

22 de junio de 2012

Más allá de mí

«El mundo ya estaba así de mal cuando llegué yo y cada vez va a peor. Yo no tengo ningún poder para cambiarlo». Frases para la posteridad de «La Biblia de las Justificaciones. Capítulo I: el pesimismo, la derrota y la falta de responsabilidad».

Ayudar a los congéneres de cualquier parte del mundo requiere saltar un montón de dificultades, esquivar trampas por doquier. En numerosas ocasiones existe el impulso, que es propio del ser humano, de ayudar a aquella persona que sufre, pero no lo seguimos, de tal manera que nos sentimos culpables por no hacerlo y lo justificamos de muchas maneras. Al final, no queremos ni ver la realidad, o nos endurecemos porque no

2 de junio de 2012

Mientras a mí no me pase...

A través de los años, la tendencia de funcionamiento de los seres humanos ha sido sobrevivir cada uno sin esperar la ayuda de nadie, sin ayudar a nadie. La ayuda proporcionada en caso de haberla es hasta donde no nos pusiéramos en riesgo, hasta donde yo me pueda involucrar sin despeinarme. No salvar la vida sino dar una ayuda sin calibrar si es suficiente o no, y eso en el mejor de los casos.

No se trata de caernos por el barranco si la persona no quiere ser ayudada, pero dejar a alguien de la “manada” como víctima asumible y seguir adelante no es una respuesta adecuada. La pregunta es: ¿Hacemos todo