Una cosa es cómo nos gustaría ser
y otra bien distinta cómo somos en realidad. Manifestamos estar en un lugar de realización,
desarrollo, relaciones, etc. y no tiene nada que ver con dónde nos encontramos
en realidad. Proyectamos nuestra ilusión en una vida inventada -en el menos
malo de los casos- colocando una venda bien tupida sobre nuestros ojos. Otra
opción que es aún peor consiste en derrotarnos aceptando la desesperanza de una
existencia vacía.
Esperamos que ocurra un
acontecimiento que nos cambie la vida. Y mientras, vamos tirando. Estamos tan
fritos que si no nos toca la lotería,