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12 de septiembre de 2014

Va a ocurrir algo que me cambiará la vida

Una cosa es cómo nos gustaría ser y otra bien distinta cómo somos en realidad. Manifestamos estar en un lugar de realización, desarrollo, relaciones, etc. y no tiene nada que ver con dónde nos encontramos en realidad. Proyectamos nuestra ilusión en una vida inventada -en el menos malo de los casos- colocando una venda bien tupida sobre nuestros ojos. Otra opción que es aún peor consiste en derrotarnos aceptando la desesperanza de una existencia vacía.

Esperamos que ocurra un acontecimiento que nos cambie la vida. Y mientras, vamos tirando. Estamos tan fritos que si no nos toca la lotería,

22 de mayo de 2012

¡¿Crisis?! ¿Quién dijo... cri...ssisss...?

La crisis es el mejor momento para resolver una situación que se repite en el tiempo. Es la oportunidad de hacerlo. La vida nos la da una y otra vez hasta que lo aprendemos o tiramos la toalla con nuestra vida definitivamente. Opción nada recomendable este última.

Lo que la crisis nos saca a la luz es la situación en la que nos dejaron: solos, abandonados, sin amor… y nuestra reacción ante ello, habitualmente manifestada con enfado o pena, o ambas. Cómo no, la culpa también suele rondar. Es necesario cambiar la pena por amor hacia uno/a mismo/a y el enfado por indignación.

Cuando nos sentimos tristes o enfadados, nos entra la culpa o culpamos a alguien de nuestra situación, de tal manera que ponemos en peligro las relaciones de amor que habíamos construido, si es que lo habíamos

5 de mayo de 2012

¡A Dios pongo por testigo...!

Adicciones hay muchas. Todas para lo mismo: tapar un agujero del tipo que sea, ocultar una carencia de la que no asumo su existencia y no me hago responsable de sus causas ni sus consecuencias, consciente o inconscientemente.

No puede decirse que haya unas mejores que otras, que tengan mayor o menor grado de dificultad para deshacerse de ellas o sean más o menos destructivas. Todas son malas, son “fáciles” de abandonar y totalmente destructivas, independientemente del plazo en el que lo hagan.

Sin embargo, una adicción de la que no tenemos conciencia de que así sea es el sufrimiento. El sufrimiento destruye a saco y deja víctimas por todas partes. Cada uno, gestiona su sufrimiento como puede –o quiere- pero lo de resolverlo, curarlo, transformarlo no suele estar dentro de las opciones

4 de mayo de 2012

Los valores viajan en metro

Vivir en una ciudad de varios millones de habitantes tiene sus peculiaridades. Una de ellas es el tiempo que lleva desplazarse de un sitio a otro. Lo bueno es que puedes leerte las obras completas del Renacimiento, estudiar un máster en medicina ortomolecular o hacerte experto en observación del medio si aún sientes curiosidad por la vida y los seres que te acompañan y a los que tú acompañas en el viaje –tanto en el transporte como en el mundo-.
Lo de la lectura está fenomenal, lo de la medicina aún no lo he experimentado, pero lo de la observación de campo es fascinante. De vez en cuando, puedes incluso romper la barrera del silencio y entablar una