Utilizamos la creatividad de una
manera poco sana, y nunca mejor dicho, porque cada vez inventamos nuevas
enfermedades de acuerdo a nuestra manera de (dis)funcionar.
Eso de no saber ni qué me pasa no
deja de ser una forma de escaquearse de la realidad y, por supuesto, una
tragedia para el sujeto en cuestión. Lo de dejar de sentir para no sufrir es
como cortarse la cabeza para que te deje de doler. Una salvajada en toda regla,
vaya.
Cuando ni siquiera identificamos
en nuestro cuerpo ninguna emoción, ya pueden empezar a sonar todas las alarmas
porque estamos bastante cerca de la muerte, tengamos la edad que tengamos. Puesto
que no sentimos ni lo malo, ni lo bueno. Y eso se ha ido gestando con el tiempo.
Y ahora viene la desgracia con todas las letras: la herencia a los hijos o
hijas. Si con este