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27 de enero de 2023

¿Y si me equivoco?

«¿Qué es la vida? Una ilusión,
una sombra, una ficción;
y el mayor bien es pequeño;
que toda la vida es sueño, 
y los sueños, sueños son».
 
Chimpón.
 
    Sin el peso que tienen estos versos de Calderón de la Barca en boca de Segismundo, hasta resultan poéticos, alegres, emocionantes.

7 de noviembre de 2014

Duele

No queremos sentir dolor. A nadie le gusta. Eso del masoquismo es la manifestación de una alteración de la personalidad, insano e innecesario. Lo que ocurre es que el dolor en sí mismo lo sentimos igualmente insano e innecesario. Sin embargo, el dolor existe para saber que nos estamos alejando de lo que nos sienta bien, de lo que queremos, que es felicidad, amor, tranquilidad, respeto, valoración, etc. Es como una brújula que nos indica si estamos perdiendo el norte.

Hemos heredado una sociedad –y en muchos casos hemos contribuido a mantenerla- en la que buscamos parapetarnos de escudos que nos alejen de sentir dolor y obtengamos únicamente placer. Pero ni con la mayor

22 de septiembre de 2014

Mieditis aguditis

Está claro que el miedo es una emoción adaptativa de cualquier animal, y cómo no, del ser humano. Es decir, que ante una amenaza real, reaccionamos. Las reacciones son diversas pero se unifican en tres bloques: huir, enfrentarse o evitar. Evitar tal vez sea la reacción que podemos establecer cuando hemos vivido el estímulo por lo menos una vez. Así que las reacciones más primarias serían la de huida o enfrentamiento. Quedarse paralizados también es una reacción, pero tal vez no demasiado

6 de julio de 2012

Esto... ¿puedo decir algo? Bueno, mejor no.

Todos tenemos algo que decir, algo importante. Lo que pasa es que no nos han hecho ni caso nunca, de modo que acabamos por creer que sólo decimos tonterías, o que nadie va a escucharnos y tomarnos en serio. Nos hemos acostumbrado a ello, lo hemos aceptado, y como somos tan obedientes, comenzamos a decir tonterías.

¿Qué tenemos que decir? ¿Qué queremos decir? En lugar de eso, decimos otras cosas que no son nuestras, pensando que las nuestras -cuando aún sabemos cuáles son- resultan aburridas o tontas. Imitamos como loros, y al cabo de los años, nos damos cuenta que hablamos igual que nuestro padre o que nuestra madre, decimos las mismas cosas y tenemos un visión parecida del mundo. ¿Cómo es posible que hayamos llegado a eso si en plena adolescencia dábamos patadas en las espinillas de todas esas frases

11 de junio de 2012

El baile de máscaras

Quedarnos sin luchar por descubrir nuestra verdadera esencia es como quedarnos sin luchar por ver el mar conformándonos con ver nuestro reflejo en una bañera o en un orinal.

No sabemos cómo somos de verdad, solamente cómo nos han dicho que somos. Nos han lavado el cerebro desde bien pequeños al más puro estilo ciencia ficción de serie B. Nos han dado un disfraz convenciéndonos de que somos así, y hala, ¡al baile de monstruitos!

Mendigar amor, eso es lo que acabamos haciendo. Eso sí, cada uno a su estilo y sin que se note mucho. Que nos quieran un poquito –o un muchito- es la necesidad imperiosa a la que nos enfrentamos constantemente. Y de ahí, ¡chantatachán! aparece el miedo.

Deseamos sentirnos aceptados, para empezar, y que no se nos etiquete como ”bicho raro” dándonos el pasaporte para el Museo de Historia

18 de mayo de 2012

Miedo al enfrentamiento, pánico al conflicto

El miedo al conflicto, al «cara a cara» es algo habitual en muchas personas y huyen de ese momento, lo evitan a toda costa. La consecuencia nefasta es que no resuelven el problema, el abuso y se lo llevan a casa. Y a esa falta de resolución le acompaña la falta de emociones positivas. Vamos, que no sólo no nos enfrentamos, sino que nos llevamos puesta la pena, el enfado y por supuesto, la culpa por no haberlo hecho. Nos sentimos cobardes, inferiores, impotentes.

¿Por qué a veces nos resulta difícil coger al toro por los cuernos –con todo el respeto hacia el toro-?

Hay dos posibilidades: que la otra parte nos destroce o que destrocemos a la otra parte. A quienes buscan la felicidad de todas las personas, incluidas ellas mismas, les entra urticaria sólo con pensar en cualquiera de las