Sentir que recaemos es lo peor. Bueno,
dejémoslo en “malo”, que andar comparando qué es peor o mejor dentro de las
desgracias es como escuchar a dos abuelas o abuelos que compiten por ver quién
de los dos toma más medicamentos o se ha sometido a más operaciones. Terminar
hablando así es vivir más en la muerte que en la vida. Las dificultades, los
problemas, las recaídas son para remontar, no para instalarse en ellos.
Partimos de la base de que, en
este caso, “caer” no es bueno. Por supuesto, es necesario definir ese verbo
antes de entrar en polémica. “Caer” como acción o acontecimiento en que nos levantamos
de nuevo, cambiados, habiendo aprendido algo fundamental es fabuloso. Sin
embargo, “caer” como resultado de perder un estatus que habíamos alcanzado tras
un arduo trabajo es un episodio desastroso. Y si no, que le pregunten a
cualquier ex adicto a sustancias o comportamientos compulsivos y destructivos.
Caer, en el caso más puramente emocional es caer en el