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8 de agosto de 2013

Lo desconocido... ¡uhuhuh!

Como si esto fuera un serial, retomamos la idea de la “aventura” del capítulo de ayer. Si alguien no lo vio (o leyó, mejor dicho) puede unirse al viaje igualmente. La vida es un tren en marcha, o una bici. Lo bueno es que cada uno puede elegir el medio de transporte y cambiar  de uno a otro. De hecho, a veces empezamos a pie, luego nos subimos a un cohete y acabamos en piragua.

Cuando la aventura ha comenzado ya no hay vuelta de hoja. Podríamos decidir no continuar, pero una vez que se ha tomado la decisión, renegar de ella está muy feo. Es de cobarde, gallina, capitán de las sardinas.

Teníamos claro –por el capítulo de ayer- a dónde nos dirigíamos, y por eso creemos que hemos llegado al destino si se trata de un lugar físico. Pero el destino no es un país o una relación. Es lo que nace a partir de ahí, es el

28 de agosto de 2012

Salvar vida

¿Quién no se ha sentido el rey o la reina del mambo después de haber salvado un pajarito de entre las ramas de un arbusto, rescatado un gato de un árbol o –heroicidad de entre las heroicidades- librado de algún peligro a otro ser humano? El peligro puede ser por haber evitado que a otro le pillaran copiando en el examen, por haber sacado de una situación incómoda al chico o la chica que nos gustaba o defendido a otros que, por circunstancias, se encontraban en franca desventaja y nos hemos expuesto. Eso es exactamente lo que ocurre: que nos exponemos por amor, por ideales, por grandeza del alma sin pensar en ese momento si es conveniente o no, y si habrá consecuencias. Lo hacemos porque sentimos el impulso y punto. Sentimos que nos comemos el mundo y que nada puede salir mal… o casi.

Si no nos valoran ese acto de valentía, si no lo potencian o si nos prohíben volver a hacerlo utilizando el método que sea –convencimiento, amenaza, mentira- nos hunden en la más absoluta de las miserias al aceptar un criterio que busca castrarnos. Y uno o una se pregunta: «¿Qué intención

8 de junio de 2012

En ocasiones... oigo voces

En ocasiones escuchamos voces dentro de nosotros. Ese “en ocasiones” se acaba transformando en “a menudo” hasta alcanzar el “casi siempre” o “siempre”.

¿De dónde proceden? Esas voces no son nuestras en origen, pero terminamos por cogerles mucho “cariño” y adoptarlas.

¿Qué dicen? De todo, y todo malo: que no podemos hacer algo en concreto o nada en general, que somos feos, poco atractivos, malos, un desastre, que nadie nos va a querer, que no tenemos derecho a lo que queramos, que nadie quiere a nadie, que los hombres son unos capullos, que las mujeres son unas brujas, que la vida es sufrimiento, y un largo etcétera. Son las