En general, la creatividad, la
imaginación suele ser la hermana pobre del poderoso hemisferio izquierdo del
cerebro más analítico y funcional. Eso de jugar, dibujar, disfrazarse y creer
que somos piratas en una isla llena de delfines voladores, donde las plantas
contienen secretos que nos llevarán a una cueva mágica está muy bien, es muy
divertido un rato, pero en la educación que hemos recibido, sirve francamente
de muy poco. O eso nos han hecho creer.
Hacer volar nuestra imaginación
según pasan los años cuesta cada vez más y nos anquilosamos en una realidad
gris con escasa proyección a un futuro diferente a este presente que vivimos.
Una cosa está clara: si no
imaginamos el futuro que queremos, la vida que anhelamos, nunca vamos a llegar
a ellos. Decir “quiero otra cosa que no sea ésta” tal vez ayude en un
restaurante eligiendo plato a la carta. Y aún