Quedarnos sin luchar por
descubrir nuestra verdadera esencia es como quedarnos sin luchar por ver el mar
conformándonos con ver nuestro reflejo en una bañera o en un orinal.
No sabemos cómo somos de verdad,
solamente cómo nos han dicho que somos. Nos han lavado el cerebro desde bien
pequeños al más puro estilo ciencia ficción de serie B. Nos han dado un disfraz
convenciéndonos de que somos así, y hala, ¡al baile de monstruitos!
Mendigar amor, eso es lo que
acabamos haciendo. Eso sí, cada uno a su estilo y sin que se note mucho. Que
nos quieran un poquito –o un muchito- es la necesidad imperiosa a la que nos
enfrentamos constantemente. Y de ahí, ¡chantatachán! aparece el miedo.
Deseamos sentirnos aceptados,
para empezar, y que no se nos etiquete como ”bicho raro” dándonos el pasaporte
para el Museo de Historia